jueves, 18 de diciembre de 2014


Todos consideramos impensable que el amor de nuestra vida pueda ser algo leve, sin peso; creemos que nuestro amor es algo que tenía que ser; que sin él nuestra vida no sería nuestra vida. Nos parece que el propio huraño Beethoven, con su terrible melena, toca para nuestro gran amor su «es muss sein!». 
Tomás se acordaba del comentario de Teresa sobre el amigo Z. y constataba que la historia del amor de su vida no iba acompañada del sonido de ningún «es muss sein!», sino más bien por el de «es könnte auch anders sein»: también podía haber sido de otro modo. La insoportable levedad del ser, Milan Kundera

viernes, 5 de diciembre de 2014

Travesía
Raúl Brasca
Caminaban a la par. Se habían jurado lealtad y que dividirían todo por mitades. Frente al desierto, igualaron el peso de sus alforjas y se internaron seguros. No los doblegaron la impiedad del sol ni el rigor de la noche y cuando se les acabó la comida repartieron el agua en partes iguales. Pero la arena era interminable. Paulatinamente, el paso se les hizo más lento, dejaron de hablar, evitaron mirarse. El día en que, con vértigo aterrador, sintieron que desfallecían, se abrazaron y, hombro a hombro, siguieron andando. Cayeron exhaustos al atardecer. Durmieron. Ya había amanecido cuando uno de ellos despertó sobresaltado: le faltaba parte de un muslo. El otro, que lo comía, continuó indiferente, terminó, volvió a tenderse, y como si completara un gesto irrevocable, atendió a la mano que su amigo le alargaba y le dio el cuchillo.

sábado, 15 de noviembre de 2014


Paternidad responsable, Carlos Alfaro
Era tu padre. Estaba igual, más joven incluso que antes de su muerte, y te miraba sonriente, parado al otro lado de la calle, con ese gesto que solía poner cuando eras niño y te iba a recoger a la salida del colegio cada tarde. Lógicamente, te quedaste perplejo, incapaz de entender qué sucedía, y no reparaste ni en que el disco se ponía rojo de repente ni en que derrapaba en la curva un autobús y se iba contra ti incontrolado. Fue tremendo. Ya en el suelo, inmóvil y medio atragantado de sangre, volviste de nuevo tus ojos hacia él y comprendiste. Era, siempre lo había sido, un buen padre, y te alegró ver que había venido una vez más a recogerte.

domingo, 9 de noviembre de 2014



Le temps retrouvé.


Otomo Yakamochi - ¿Que per ventura se'ns donarà ...
¿Que per ventura
se'ns donarà la vida
dues vegades?
Doncs, ¿com és que m'adormo
sense cenyir-te en braços?


sábado, 8 de noviembre de 2014


Muts i a la gàbia, Pere Calders

—Tu hi creus en les paraules definitives?
—Què vols dir?
—Vull dir quan s’arriba en aquell moment solemne en el qual un dels membres de la parella declara a l’altre: «Ara és l’hora de parlar d’allò que m’he callat sempre!».

Els dos amics es van quedar silenciosos, fins que un d’ells reprengué la conversa:

—No. No hi crec. Callar no és mai sobrer, sobretot a mesura que posem anys. Si algú s’ha aguantat fins «aleshores», és una imprudència jugar-s’ho tot en una de les cartes de la conversa...
—I doncs? Què faries, tu?
—Si la cosa fos tan greu, me n’aniria sense donar cops de porta. I saps per què?
—No.
—Doncs perquè em faria molta por haver d’escoltar allò que l’altre, amb tota seguretat, també callava.